SALVAD A LA SOLDADO CARBONERO

Desde los tiempos de Leticia Ortiz, cuando fue arrancada de las fauces de Televisión Española para convertirse en la, presumiblemente, próxima reina española, no había dado tanto de que hablar una periodista nacional: fue a partir de que el capitán de la selección española le estampara un beso de tornillaco de la Torre Eiffel a su compañera sentimental, Sara Carbonero. Y no es que digamos que las periodistas tengan que dar la nota, pero ese beso lo vio todo el mundo y se paseó por todas las cadenas internacionales. Si la hermosísima Sara hubiera sido un cardo borriquero no estaríamos hablando hoy aquí de ella, pero la chica es mediática, con unos ojos demasiado mediáticos, sobre todo para estos tiempos de confusión súbita, de estruendosa rapidez y de tantos fuegos artificiales que se difunden por la red a una velocidad que comienza a pasmar y a asustar a los propios medios de comunicación: se están quedando obsoletos y terminan cayendo en el error de convertirse en un canalizador de los videos que aparecen en youtube. La mayoría de informativos actuales se preñan de imágenes sacadas de la cámara de un móvil. Para lo bueno y para lo malo. No se cortan a la hora de pedirle a la gente que documenten ellos y manden los trabajos, con el ahorro que eso les supone. Internet les ha vencido en poco menos de diez años, y hace mucho que les tomó la delantera.

En este mercadillo de la noticia superflua, no se para nadie a pensar que estamos banalizando los contenidos informativos como medio de control mental de la mayoría, que se sienta delante de un televisor y cuando escucha cosas como la que se está liando en las dos Coreas y en la isla de Yeonpyeong, cambia de canal para ver un gol ridículo de tercera división grabado por un aficionado y pitorreado por los Manolos. Luego vendrán las madres mías y los golpes de pecho, pero, mientras tanto, jugamos a taparnos los oídos hasta que lleguemos al supermercado y los abramos para darnos un buen hartón de villancicos y pensar en la cena de Navidad.

Y en medio de todo esto, el terremoto Carbonero. Que ha pasado a ser noticia porque ha requerido las urgencias del quirófano para ponerse a la altura de los tridentes atacantes de los dos grandes de la Liga. Es curioso que tenga que poner sobre el tapete explicaciones la periodista del por qué lo ha hecho. Es más relevante que se las pidan, que ese nuevo físico sea requerido por todos y que un mismo periódico, por poner un ejemplo, le regale en una misma página dos momentazos. Uno dando la noticia y otro como opinión. Pero ambos esgrimiendo el buen gusto y la educación, el difícil arte de la sutileza. Así, el titular reza: Sara se pone medio kilo. Fino finísimo oiga. Luego en el subtítulo aumentan la paradoja, hablan de unos discretos implantes, cuando son los más indiscretos desde los tiempos de la Veneno y hablan de una operación del pecho, que nos hace pensar en enfermedad, cuando es simple estética. Luego uno se da una vuelta por los diferentes abordajes realizados y se espanta, porque hay de todo, hasta los soeces que llaman tetas a las tetas y piden su paga al final de la semana.

¿Y qué hay de los que pensábamos que el éxito de la chica era por sus ojos y por su rostro de Lladró?

Pues nos aguantamos y nos unimos a la tropa. Nos regodeamos de gusto cuando la periodista tropieza y el cámara, avizor, pone todo su foco en las prendas íntimas de la muchacha para ganarse el pan y el sustento. Tetas, tetas, tetas. Parece que en esta sociedad actual, que tantas libertadas ondea y tantas memeces repite a favor de la igualdad y la tolerancia, sienta mal que las guapas y famosas no se rompan un tacón por ir corriendo a los estudios de la Interviú a desnudar sus cuerpos y mostrárnoslos.

Deberíamos plantarnos un día, explicarles a nuestras hijas, novias y madres – oh sí, las madres ya se han apuntado al carro desde hace mucho y se mueren por ser unas estupendas cincuentonas a las que les miren el trasero – que si alguien como Sara Carbonero tiene que retocarse es que algo muy importante se les ha ido cayendo por el camino: no la autoestima, sino el cerebro. Que, simplemente, son perfectas porque son mujeres y que las deseamos tal y como están, porque la testosterona no entiende de imperfecciones. Para todo lo demás, ya inventamos el photoshop y el porno. Lo malo son los mente-brevas que se han creído que esos dos universos son verdaderos. Y como en este comienzo desafortunadísimo de siglo XXI las mujeres no mantengan nuestro equilibrio y nos aparten de los mente-brevas – el de todos, que lo mantienen ellas, cuales estoicos Atlas – esto se va a tomar por saco en un 0,2.

Canción del día: Pilar, Toreros Muertos

p. d. Leído en Días de Radio el 30 de Noviembre de 2010.

p. d. 2 La foto, extraída del calendario de la fundación Talita (no he encontrado el nombre de su autor)

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