UNA SILLA VACÍA PARA LA PAZ

Es probable que la imagen poética más hermosa de este año haya sido el ofrecerle el Premio Nobel de la Paz a una silla vacía. Hermosa, poderosa y cruel imagen al mismo tiempo. Perfecta metáfora que resume toda la situación mundial que hemos estado sufriendo en esta década que se cierra en unos días, una de las peores que hemos presenciado, teniendo en cuenta que nos encontramos a la mitad del camino, si me permiten parafrasear al viejo Aligheri.

Poderosa imagen porque, mal que le pese a la cada vez menos poderosa y más omnipresente ONU, qué otra cosa es la paz, sino una silla vacía. Y cuántas sillas vacías, con su silencio acusador, hemos visto desfilando por las pasarelas esta década, desde que dos aviones se estrellaran contra unas torres un fatídico once de septiembre, a la misma hora en que otra silla vacía – en lo referente a masa cerebral – leía un libro de narraciones infantiles y se distraía con su vacuidad. Desde entonces las libertades y los derechos también se han ido convirtiendo en un auditorio de butacas vacías, donde el silencio todo lo gobernaba, para beneplácito de los que están por encima de los auditorios y, desde las sombras totales que otorga la impunidad y la omnisciencia, se garantizan su continuidad en la extrema riqueza, mientras los demás parasitamos por los aeropuertos y pasamos por los escáneres de la vergüenza, dejándonos avasallar porque un día se escribió una de las mejores novelas de ficción de los cuatro últimos siglos, reinventando el tema de las cruzadas, antaño tan manido, pero hoy de pura actualidad, como las sillas vacías.

No han vuelto a ser lo mismo los lugares de concentración masiva, donde la libertad de expresión comienza a convertirse también en una silla vacía, donde las termitas y la carroña hacen laboriosamente su trabajo y ponen en contra de la mayoría a unos pocos, como es el caso de ése que vierte en la red los mentideros más sórdidos de la diplomacia internacional, como si no hubiéramos aprendido ya cómo es cada cuál, como si descubrir ahora que los Blair, Putin, Berlusconi, Sarkozy o Aznar son una panda de usureros facinerosos y mentirosos papanatas nos cubriera de espanto como la nieve cubre la vieja Europa.

Cada vez hay más sillas vacías y es probable que, con el discurrir de los años los suecos se vean abocados a dejar los premios desiertos, porque en el tema de la Paz sólo se promete un campo yermo con brotes de cólera y administraciones enteras con sueldos de Primer Ministro abogando por una estrecha colaboración en temas del blablablá cotidiano, mientras los Gobiernos que les pagan esos salarios de nobleza baturra acampan a sus anchas en los límites de los derechos civiles más insoslayables, heredados desde que nos bajamos de los árboles e inventamos el fuego.

Cada vez encendemos más hogueras, o se inventan que las encendemos, nos previenen del miedo que ellos mismos crean con sus intereses recreados y sus planes de acabar con las riquezas del mundo en su bolsillo. No hay día que no se propague en algún punto del mundo una amenaza terrorista, en forma de ántrax o de ladillas, si entendemos terrorista como aquella persona que va por los aeropuertos, estaciones de lo que sea o avenidas con un bulto sospechoso, aunque sea su propia joroba.

Y así llegará el día que los académicos de la Fundación Nobel harán sus actos de entregas de premios, con el rey de turno a la cabeza – no veo, sinceramente,  nunca a un general dando un premio de la paz, por mucho que mi cabeza tergiverse el porvenir – dando un racimo de premios a un montón de sillas vacías, porque, probablemente para ese día, también el concepto de Hombre se verá aposentado en una silla vacía. Mientras tanto, desde los diferentes aparatos de televisión, los que queden poblando los pasillos de este tugurio aplaudirán enardecidos. Al menos, los que no se encuentren en ese momento en una comisaría declarando por qué el día anterior había encendido un cigarrillo en la intimidad de su cuarto o, en esa misma oscuridad del alma, había purgado las penas de la semana tocándose la varita mágica de los placeres.

p. d. Leído en Días de Radio el 14 de diciembre de 2010

Canción del día: PEACE TRAIN, Cat Stevens


 

 

 

 

 

 

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