UNA BALADA TRISTE, MUY TRISTE, PARA LA MOSTRA

Estaba siendo mi domingo espectacular: me había levantado tarde, justo antes de comenzar la carrera, había desayunado mi vaso de café con leche con 4 galletas y algo de fruta, un pomelo, Alonso finalmente volvía a ganar y en la cocina estaban preparándose unas deliciosas albóndigas a la manera italiana. Hasta que le he echado un vistazo al periódico entre las publicidades cancerígenas de la cadena que emite la Fórmula 1 este año y me ha dado un vuelco al corazón, y todo el encanto dominical ha salido disparado hacia el aseo, lanzándose desde lo alto de la taza del retrete al insondable abismo de las cañerías de mi comunidad de vecinos, tirando, tras un impecable doble tirabuzón, de la cadena, para que el sufrimiento fuera lo más minimizado posible, tras los embates incontenibles de la cisterna.

¿Qué oscuros designios regentan la casa de Virgo, con el caballero de oro  Shaka a la cabeza para que Venecia se haya rendido al largometraje presentado por Álex de la Iglesia? ¿De qué cabeza maquiavélica surge esta broma macabra?

Si no teníamos bastante ensanchándole el ego al bilbaíno con las encuestas realizadas por un semanal de un diario nacional en el que cien artistas del cine hispanoamericano elegían, supuestamente, las cien películas que han cambiado sus vidas, y en la que colocaban la exitosa El día de la Bestia en el puesto 65, por delante de peliculones como El hombre que mató a Liberty Valance, Fargo o El Hombre Elefante, por nombrar sólo tres, ahora va el jurado de esta edición de la Mostra y le endosan el premio a la mejor dirección y al mejor guión por su Balada triste de trompeta.

Ciertamente, eso no se lo dudo, una de sus películas cambió en parte mi vida. Perdita Durango, su quinta entrega, hizo que me saliera del cine a medio por primera vez desde mis 6 años, edad a la que comencé a visionar películas en la gran pantalla. Y sólo he vuelto a hacerlo una vez más, y fue con Muertos de Risa, uno de los insultos más grandes que se han hecho a la inteligencia del  público de cine nacional desde la democracia.

Como supo el señor de la Iglesia que había tocado fondo, al menos conmigo, me jugó la mala pasada de ponerme a traición su Crimen Ferpecto durante un trayecto en TALGO y después de media hora de metraje opté por refugiarme en la cafetería. Ni siquiera la escena en la que los pechos de Kira Miró brincan de alegría ante la presunción de un éxtasis carnal sirvió para que volviera a mi asiento hasta que no comenzamos a entrar a las inmediaciones de Atocha.

Defenestrado emocionalmente, leo el artículo mientras en el recuadro superior izquierdo de mi pantalla comienza el baile de los cambios de neumáticos y varían las posiciones en la clasificación y en el recuadro central el banco Santander me saluda y me da las gracias por serle fiel y por comprar leche semi-desnatada con Omega 3 y bífidus lascivos. Me sorprende sobremanera que se tilde a la película de los payasos como un repaso a la reciente historia de nuestro país, aunque, aclaran, a ritmo de “tamborrada buñuelesca”. Con la piel erizada por tamaña comparanza, busco en google un significado y lo único que encuentro es la tradicional Tamborilada de Viernes Santo en el pueblo de Calanda. Así que, en definitiva, entreveo que la película arranca con esta tamborrada y sitúa a una trapecista entre los celos de dos payasos, que luchan por desmaquillarse sobre su algodón púbico.

Por si fuera poco, llegaron las noticias en televisión, que cacareaban el reciente milagro del cine español y le ponían un micrófono al Presidente de Nuestra Academia. Que ni corto ni perezoso insinuaba con su habitual sutilidad que el León dorado había sido para la Coppola no por la excelencia de su Somewhere, sino por haberle hecho en un pasado no muy lejano innumerables reverencias sexuales al presidente del Jurado, un tal Tarantino.

Sólo me queda una solución posible a tanto misterio: que Quentin sepa que el protagonista de la Balada de de La Iglesia es Carlos Areces, uno de los cuatro genios de Muchachada Nui. Y que eso le haya llevado al Celebrities que en su día Joaquín Reyes hizo de Tarantino.

Esa es la única explicación que le veo al éxito este año en la Mostra de un señor tan cinematográficamente infumable.

 

Canción del día: Balada de la Trompeta, de Raphael.


p. d. Leído en Días de Radio, el 14 de Septiembre de 2010.

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