LANVIN PARTY LOVES REINA SOFÍA

La gente se arremolina junto a una puerta y una serpiente multicolor de abrigos de Mango y Gloria Ortiz asciende por un Madrid aún durmiente. Eso, al menos, es lo que obtendríamos a vista de helicóptero. Es el día del 20 aniversario del museo y, además de una reordenación de las salas, han abierto la cuarta planta con obras no expuestas, hasta ahora, de Saura, Miró, Tapiès, Picasso y otros tantos. Una muestra de lo más representativo de lo que hacíamos, artísticamente hablando, hace 60 años. Arte de posguerra, vamos.

El sector del público que aguarda a pesar del frío es mayoritariamente femenino, porque ya se sabe que en estos menesteres y saraos culturales su porcentaje, frecuentemente, suele ser más alto. Si no te arredra la gélida madrugada y no te amedrenta la humedad, darás una vuelta para ver que hay algún que otro rostro conocido haciendo su pertinaz cola, como buen ciudadano europeo, no sabemos si para dar ejemplo o para hacer publicidad, al fin y al cabo, en este país de envidiosos, la espera es menos indeseable si podemos compartirla con algún famosote del momento. Entre ellos, distingues a la que antiguamente fuera actriz, y tantas otras cosas más, Bibiana Fernández.

Da gusto ver este regocijo y estas caras expectantes con manos como témpanos y variados sombreros de lana con los que resguardan sus orejas, que parecen van a estallar en un bermellón tan intenso como un día consiguiera Vermeer. Un Miró bien merece tanta animación, a qué negarlo, aunque en tu fuero interno meditas y sabes que el catalán no es santo de tu devoción, como tampoco lo es Tapiès. Pero no por ello piensas que están cometiendo ninguna estupidez.

Sin embargo, esa cola, ahora lo percibes, se encuentra algo alejada de Atocha, donde se halla el famoso museo que está de aniversario esta semana y no das crédito a que llegue hasta ahí la espera, pues estamos hablando de varios kilómetros. Y además, la cola baja por la Calle de la Ballesta, lo que es algo incongruente. Como no tienes nada mejor que hacer y quieres ganarte una buena instantánea para el primer café antes de llegar a Plaza de España,  te dedicas a ver hasta dónde te conducen tantas mujeres hermosas y escrupulosamente maquilladas. Demasiado glamour, incluso para el superventas don Pablo Ruiz. La cola toma ahora la calle del Desengaño, lo que resulta cruelmente divertido. Fotografiando el momento, bien que podrían poner los socialistas una oficina del INEM ahí: le daría ese toque tan surrealista que les priva y les pone. Luego corta y desciende por la calle del Barco hasta llegar a la Gran Vía.

Como ya te confiesas perdido y aturdido, pegas la oreja a las conversaciones. Es de mal gusto, maleducado, cierto, pero hasta el día de hoy no es delito, que se sepa. Al menos sin tecnologías. Las más jóvenes están entusiasmadas y escriben largas listas de cosas que nada tienen que ver con el Reina Sofía, pero bien que puede ser que hayan dejado algún Pertegaz en el Museo y te haya pasado desapercibido, en tu búsqueda de Palazuelo o Chillida.

Sin embargo, una vez que llegas a la centenaria avenida tu perspectiva cambia radicalmente y, como cuando jugabas al Cluedo con tus primos, se abre una ventanita que te da todos los datos de súbito. Y te ríes. De ti mismo, de tu generosidad para con el mundo y de tu inocencia, al pensar que, como ocurre en París, la gente se levanta a las cuatro de la mañana para ver una exposición. Los escaparates de H&M están a reventar. Por unos días pondrán a la venta a precios irrisorios una colección exclusiva de Lanvin, en sólo 11 tiendas de las más de cien que hay en nuestro país. De lujo. Y la del número 32 es una de ellas. Las puertas se abrirán a las ocho e intuyo que habrá bofetones como panes por adquirir ese abrigo de satén a 300 euros, confeccionado por el maestro Elbaz. Por eso me acerco a las chicas y les pregunto si saben cómo lo hará el personal de H&M para no salir en los periódicos. Sencillo. Repartirán a las 320 primeras personas una pulsera de colores variados. Cada color se dará a un máximo de 20. Cada una de ellas tendrá un tiempo de compra asignado para las colecciones femeninas. Cada uno tendrá limitación de compra: una pieza o talla por cada uno de los modelos de la colección.

No entiendo nada, pero la chica es encantadora y como trasmite entusiasmo, dejo que hable. Cuando termina, le pregunto si organizarán después una quedada con las compras y harán una pequeña party Lanvin. Qué buena idea, gritan al unísono y comienzan con el boca a boca a sus improvisadas compañeras de fatigas, fríos y colas kilométricamente madrileñas.

Las dejo y continúo hacia Plaza de España. Y me río. Me río de mí mismo como nadie antes se había reído, mientras busco el primer café.

Canción del día: Money changes everything, Cyndi Lauper

p.d. Leido en Días de Radio el 24 de Noviembre de 2010

 

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