PATRIMONIO DEL FLAMENCO: LA HUMANIDAD

Fue el mismo día que grababa su programa de El séptimo de caballería. A no sé quién se le ocurrió que sería una buena excusa aprovechar su paso por Madrid para montar un sarao en alguna sala de allí y cobrarlo a precio de oro. El éxito estuvo asegurado desde el primer momento, pues había ganas de verlo actuar. Finalmente, fue la sala Aqualung la que se llevó el gato al agua y el martes 23 de Noviembre del 99 llegamos un poco después de las nueve y media, hora a la que se abrían las puertas del recinto, sito en el Paseo de la Ermita del Santo, 48.

Muy conocida fue la pelotera que el de Minneapolis tuvo aquella tarde con los del programa que presentaba Miguel Bosé y eso demoró el comienzo del concierto hasta pasada la una de la madrugada, lo que hacía que el público estuviera algo exaltado y bastante impaciente. Por fin salió la New Power Generation con todo su verdadero poderío a apaciguar las cosas y presentarnos algo del disco que había salido recientemente Rave Un2 the Joy Fantastic. Pero la estrella no salía, hubo que esperar hasta la cuarta canción para verlo aparecer y los indomables chillaron y se lo perdonaron todo al genio y símbolo. Yo me contentaba con los contoneos de su esposa Mayte y con eso era más que suficiente. Su exigua presencia lo eclipsó todo. La gente se olvidó incluso de mirar a Penélope Cruz que se hallaba sentada en la zona VIP y no parecía muy interesada.

Pero estábamos en España y Prince no iba a dejar pasar la ocasión de demostrarnos hasta qué punto amaba las tradiciones de nuestro país. Así que, después de dos o tres canciones más, en un impass rítmico con un bajo penetrante y una batería demoledora gritó ¡Flamenco! un par de veces y por una escalinata preparada descendieron desde la zona VIP Rosario Flores y Antonio Carmona para acompañar al maestro a las palmas y para lanzar un par de quejíos que olían a dyc de 8 años que tiraban de espaldas.

Los presentes no salíamos de nuestro asombro. Atónitos veíamos las filigranas amanuenses de la Flores y los berríos de un Carmona más pasao que Usain Bolt después de comerse un plato de jalapeños. Aquello nos marcó profundamente a los asistentes y el genio de Minneapolis tuvo que verlo, porque a la siguiente canción se puso con los clasicazos y nos hizo olvidar aquella extraña bruma que algunos opinan que es el flamenco.

De acuerdo con que Prince fue un visionario y pronto supo que hoy íbamos a poder decir los españoles que nuestro genuino y autóctono flamenco se iba a convertir en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Pero aquello fue demasiado, incluso para los neófitos, entre los que me cuento, a qué negarlo. Es una lástima que para ese 23 de Noviembre del 99 no tuviéramos el preciado don dado por la UNESCO, porque me hubiera puesto a recoger firmas con la intención de denunciar al cantante ante tamaña profanación. Y una pena también que por aquella época los móviles no dispusieran de los avances en vídeo de hoy, para haber recogido tan pintoresca como patriótica escena y haber hecho la denuncia esta misma semana.

Pero me alegro profundamente de esa distinción, si, al menos, sirve para salvaguardar al flamenco de ultrajes de semejante ralea. Ya han sido bastantes los que ha sufrido y es inspirador pensar que la UNESCO pueda medrar en asuntos tan espinosos como lo que hace Pitingo – que alguien le pare los pies a ese hombre, pordiós -, y que pueda librarnos de recopilaciones esta Navidad de La Niña Pastori o Navajita Plateá siempre es de agradecer.

Porque el Flamenco ya está por encima de todos esos epígonos que se han ido colocando a su alrededor para hacer caja y vivir sus quince minutos de fama. Es Patrimonio de la Humanidad y ese honor pesa en las espaldas de todos nosotros. Debemos respetarlo y engrandecerlo, sacar en procesión si es preciso a Paco de Lucía, a José Menese, a Enrique Morente una vez al año para que los niños aprendan la esencia de lo que es el flamenco. Y no propongo a un Camarón yaciente porque estoy convencido de que alguno ya se me ha adelantado.

Desde hoy, como Hacienda, el flamenco se ha convertido en cosa de todos. Quién se lo iba a decir a la eterna Lola, que esas dos palabras algún día estarían tan unidas. Y espero que la UNESCO lo mime como es debido y a los que lo traicionan diariamente con sus conatos de quejíos o bulerías les diga, parafraseando aquella mítica frase: Si lo queréis, irse.

Canción del día: Soleá de la Ciencia, Enrique Morente.


p.d. leido en Días de Radio el 17 de Noviembre de 2010.

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